| Gil Gamés |
| En la víspera del debate entre los candidatos a la Presidencia organizado por el Movimiento YoSoy132, su periódico La Razón ha traído de la página web de Manuel Cossío, ex integrante de la organización estudiantil y quien manejaba las redes del movimiento en sus inicios, un puñado de declaraciones de Saúl Alvídrez del Tec de Monterrey. Imposible que Gamés añada algo a la columna de Rubén Cortés, “Soy de izquierda, güey”, en la cual reproduce las ideas (es un decir) y el lenguaje (otro decir) de Alvídrez. Ya salió el peine, bueno, ya había salido, pero apareció de nuevo, como esos actores ansiosos que se niegan a abandonar la escena. Morena les dio una ayudadita, güey; los perredistas, güey; el buen Epigmenio; el buena onda de Villamil; el mero mero Virgilio y el gran Jalife, ¿cómo ves, güey? Bueno, chacun ses maîtres penseurs. ¿Y Alfredo Jalife? ¿Qué pitos toca en esta banda? ¿No es este Jalife el que acusa de sionista y agente del Mossad a todos los que le da su regalada y palestina gana? ¿Qué, güey, se le cerró la sesera a los muchachos? La verdad sea dicha, el Movimiento YoSoy132 puede acercarse a quien le venga en gana, faltaba más, si le diera la gana rezarle a San Ignacio de Loyola, muy su gusto, pero, eso sí, convendría que no vendieran su fama pública como un movimiento espontáneo, natural, intuitivo, sin intereses partidistas. Tampoco convendría afirmar que “no” todo el movimiento ha sido asesorado por Morena y el PRD porque entonces hacemos una teoría de conjuntos que termina en sopa de pipirín: ¿cuántos pipirines de la sopa YoSoy132 pertenecen a Morena y cuántos no? En fin. Mientras Gamés escribe las líneas de esta página del fondo, los jóvenes de Morena, perdón, del YoSoy132, inician el debate con tres de los candidatos a la Presidencia a puerta cerrada en la Comisión Nacional de Derechos Humanos: Liópez, con la mano en el corazón y su costal del cambio verdadero; Josefina, mujer entre las mujeres y a ver de qué cuero etcétera; y Quadri, a quien Gil aún no sabe si llamarle títere o perro bailarín. Peña Nieto se negó a asistir y eso ha soliviantado a los jóvenes. Según el portal de Sin embargo, hasta el último momento, los estudiantes intentaron convencer al candidato del PRI. O sea: a quienes han marchado por las calles repudiando al candidato, a los que lo llamaron “cobarde” y “asesino”, les llama la atención que no asista a su debate. Eres un miserable, cobarde, ladrón, impresentable. ¿Me oíste? Ahora te espero a cenar en casa, no me falles. Caracho. Si algo ha aprendido Gamés en estos años es que la vida nunca deja de ofrecer detalles geniales; lectora, lector, oigan esta regla encantadora del debate organizado por el YoSoy132: “En caso de no contar con la asistencia de alguno de los candidatos, su lugar permanecerá vacío y se le plantearán las preguntas que le correspondan”. Gamés dio dos brincos de felicidad sobre la duela de cedro blanco. Ja. Gilga imagina a uno de los tres moderadores: Candidato Peña Nieto díganos ¿por qué usted es un cobarde? Bien: el que calla otorga, concluirá el tribunal. Bien pensado, no está nada mal hablarle al vacío. Gil adoptará esta práctica. Ante un sillón, desde luego no mullido, pero sí vacío: Explícame, Dios mío, ¿qué te pasa?, ¿no me oyes? Siempre te haces el distraído, contigo de veras no hay modo. No se lo tomen a mal a Gilga, pero le importa una almendra (ya quedamos que es más que un cacahuate) el debate del YoSoy132. Si van o vienen, no tiene importancia. En cambio, un pronunciamiento (grandísima palabra) sobre si respetarán los resultados de la elección o no sería útil y benéfico para todos. La máxima de Cocteau se acercó a la puerta del ático y espetó: “La juventud sabe lo que no quiere antes de saber lo que quiere”. Gil s’en va gil.games@razon.com.mx Twitter: @GilGamesX |
Henry la acaricia y con ternura limpia su cañón, pero la pistola hoy no está de humor, ni nunca.
2012-06-28
YoSoy132 y el peine
Vamos ganando, Toluco
| Gil Gamés |
| Gil ha recordado un poco porque sí y otro poco sin querer esta anécdota: cuando peleaba el gran boxeador, ídolo nacional, Toluco López, al final de su carrera, le gritaban esto: ¡Toluco, tú ya ni noqueando ganas! Mientras leía algunas noticias en sus periódicos, Gil repetía mentalmente esa frase. Faltan apenas nueve días para la suspensión de las campañas y la preparación del día de los comicios. Gamés buscó en los periódicos y los portales de los días que corren y encontró esto: “Algo pasó, se me hace muy raro porque siempre las encuestas de Reforma han estado apegadas a la realidad. En esta ocasión no corresponde con la información que yo tengo”. Gamés farfulló: yo tengo otras cifras. Liópez se refería a la encuesta de su periódico Reforma en la cual el candidato Peña Nieto aparece con 12 puntos de ventaja sobre el candidato de las izquierdas. Curioso, si Liópez figura cuatro puntos abajo, la encuesta es perfecta, si la cifra cambia: “algo pasó”. Carachos, en plural. Oigan esto: “Las otras encuestas evidentemente están manipuladas. Reforma no manipula encuestas. Yo creo que lo que pasó aquí es que hay un error. Nosotros seguimos arriba”. Gamés se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: BGC, Mitovsky, Laredo-Buendía, Gea-Isa, Abundis, todas estas empresas encuestadoras han sido manipuladas, la de Reforma no ha sido cuchareada, pero hay un error en sus cálculos. Otras vez: carachos. Como sea, las encuestas informan que de no suceder algo gordo e imprevisto, Liópez y Josefina perderán la elección del primero de julio. Cuidado, esto no es un deseo de Gamés, se trata de lo que dicen las encuestas, incluyendo la de Reforma. Aunque como dice Liópez, la realidad es otra cosa, algo asombra a Gil, y lo persigue como una sombra: nadie, ni un alma de entre los movimientos de las izquierdas considera que Liópez se ha equivocado en los últimos años. ¡Ninguno de sus seguidores! Los culpables son los otros: una televisora, dos televisoras, varios periódicos, políticos malvados, empresas encuestadoras, una piedra del camino, un crepúsculo, dos amaneceres y una noche tormentosa. Qué raro es el mundo. Desde luego, Liópez desautorizó la información según la cual Morena, el PRD y conspicuos (gran palabra) personajes de la izquierda han impulsado, ayudado al movimiento YoSoy132. Que Peña les pagó, los instruyó, los dominó, los obligó. Si Gamés revisa los párrafos anteriores, no tendría por qué parecerle extraño que Liópez considere que el fraude ocurrirá a través de los teléfonos celulares. Gil lo leyó en su periódico Milenio. El candidato de las izquierdas, que no son tan de izquierdas, pedirá a las autoridades que los ciudadanos no ingresen a las casillas con teléfonos celulares pues serán utilizados por el PRI para fraguar el fraude: “Ahorita están diciendo: te vamos a dar un celular y vas a votar por el PRI, tomas la foto y ahí están tus mil pesos”. De plano, foto de la boleta cruzada a favor del PRI y vengan mil brocas. Liópez: “tenemos que hablar con las autoridades electorales para que no se permita la entrada del celular a las casillas, que lo dejen ahí, en la mesa. Nada de celular”. Correcto, y ¿qué le dicen a Gil de los sombreros? Nada de sombreros, de por sí instrumentos del fraude. ¿Y los lentes? Ajá, los lentes, artículos fraudulentos, a baja escala, pero fraudulentos. Lectora, lector: fray Bernardino Álvarez fue un hombre piadoso y bueno con los menesterosos. Su nombre lo ostenta en lo alto un manicomio del sur de la Ciudad de México. Mecachis. La máxima de Quevedo espetó en el ático: “Ruin arquitecto es la soberbia; los cimientos pone en lo alto y las tejas en los cimientos”. Gil s’en va gil.games@razon.com.mx Twitter: @GilGamesX |
Con todo respeto, un servidor
| Gil Gamés |
| Repantigado en el mullido sillón de su amplísimo estudio, Gamés recordó que fue Liópez quien repuso en el candelero público la fórmula “con todo respeto”. Cada vez que Liópez decía “con todo respeto”, usted podía estar seguro que venía un hachazo de pronóstico reservado. Con esta fórmula remilgada, Liópez repetía y repite esa forma lingüística mexicana que no se atreve a disentir sin una disculpa, más vale darle una vuelta a la falsa cortesía que asestarle de frente una crítica al adversario. Perdóneme usted, pero voy a darle una cachetada. En el fondo, y en la superficie, se trata del miedo a decir lo que se piensa. Es decir, estamos ante una forma de la mentira: con todo respeto, usted es un ladrón; sobra el respeto, o falta, como lo quieran ver. Por cierto, y con todo respeto, Gamés no deja de pensar que si el candidato de las izquierdas hubiera sido Marcelo Ebrard otro gallo nos cantara. Pero el presidente legítimo, porque Gamés supone que aún no termina el periodo legítimo, ¿cuánto duran las presidencias legítimas? El legítimo, decía Gil, hizo una encuesta, de las que sí sirven, no como las que lo sitúan más de 25 puntos debajo de Peña Nieto en las preferencias. En fin, lo que Gamés quiere decir es que Ebrard habría sido un candidato mucho más competitivo. Quizás en el 2018, Liópez pueda salvar a México; de momento, y con todo respeto, va a estar difícil. Cuando Gil oye a Peña Nieto, le llama la atención una muletilla que el candidato utiliza a tiro por viaje: “unservidor”. Cada vez que quiere parecer verosímil, Peña empieza más o menos así: “un servidor se vio en la necesidad de usar la fuerza pública en Atenco”. Se trata de una expresión de servicio que esconde una falsa modestia más grande que un elefante y oculta al “yo”. ¿Quién metió la pata hasta el cuello? Un servidor. ¿Quién rayos desmadró la cosa? Un servidor. Los mexicanos somos maestros en servilismo hipócrita: a los pies de usted, pase por su humilde casa cuando lo desee, sísiñor. Cierto que los funcionarios públicos deberían servir antes que atascarse en la olla del puchero, pero después del quinto “su servidor”, Gil piensa que el seguro servidor de usted usa la expresión para simular amabilidad. Esta fórmula vieja, le ha dado a Peña con el paso del tiempo un perfil de buena educación, observancia de las buenas maneras, de un político que no rompe un plato. Si le permiten a un servidor, vamos a hacer las reformas que México requiere para crecer y que el PRI se ha negado a hacer durante al menos dieciocho años. Un servidor ve en Gamboa Pascoe a un gran líder obrero. El mismo servidor se ha unido con el Partido Verde y Jorge Emilio González. Ahíto de tantas ofertas serviciales, Gil abandona el mullido sillón del amplísimo estudio, camina sobre la duela de cedro blanco y farfulla: pues qué servidor más inservible. Puestas así las cosas, Gil preferiría un candidato que insinuara ofertas indecibles y brumosas, pero posibles: si votan por mí, no me voy a dar por mal servido; votantes, ya en serio, ¿cómo nos vamos a arreglar?; o bien esta otra: échenme un capote porque ando por la calle de la amargura, voten por mí: el ruego como programa de campaña. En fin: la repetición de las fórmulas una y otra vez, muestran también las limitaciones del pensamiento, dicho esto con todo respeto por un servidor. Una sentencia de Jardiel Poncela dijo algunas verdades en el ático y luego espetó: “La sinceridad es el pasaporte de la mala educación”. Gil s’en va gil.games@razon.com.mx Twitter: @GilGamesX |
2012-06-27
Francia ganó el Mundial de Fútbol.....
Yo no sé ustedes qué piensen pero yo no reconoceré a Italia como campeón del mundial de fútbol
Impugnaré el resultado ya que estuvo muy cerrado el resultado, tan solo por un gol de diferencia y el penal se falló por menos de 5 centímetros de la línea
Además, me parece muy sospechoso que Italia haya empatado el partido cuando todos vimos claramente que Francia iba ganando
Así que exigiré que se revise gol por gol y portería por portería para saber realmente quién ganó el mundial
Además, de acuerdo a mi conteo, Italia falló más penalties que Francia así que exíjo a la FIFA que respete mis resultados
En este momento, ningún equipo puede decirse ganador ni proclamarse campeón del mundo, por lo tanto,respetuosamente le solicito al equipo de Italia y a sus seguidores se abstengan de realizar celebración alguna y regresen la copa hasta que se aclare ésta situación
Únete a mi!! Defendamos el triunfo de Francia!!!
Vamos al Zócalo y al museo de Louvre y defendamos el triunfo de Francia!!!
Su amigo: el PEJE
Nota de Gus: Es del 2006, esta desfasado, pero lo importante es que no se les olvide.
Democracia secuestrable
Enrique Krauze
Para ilustrar el argumento ad terrorem con el que las ideologías totalitarias imponían su verdad a la sociedad, el filósofo polaco Leszek Kolakowski contaba una fábula: dos niñas emprenden una carrera en un parque; la que va atrás exclama continuamente, a grandes voces, "¡voy ganando!, ¡voy ganando!", hasta que la que lleva la delantera abandona la carrera y se echa a llorar en brazos de su madre, diciendo: "no puedo con ella, siempre me gana".
Sin el desenlace, algo similar está ocurriendo en México. Tras una jornada electoral libre, ordenada y pacífica en la que sufragaron 42,249,541 mexicanos cuyos votos fueron computados en 130,477 casillas por 909,575 ciudadanos (no funcionarios), el candidato del PRD a la presidencia, Andrés Manuel López Obrador, resultó perdedor por un margen de 0.57%, equivalente a 240,822 votos, frente al candidato del PAN, Felipe Calderón. Los números del sistema electrónico de conteo preliminar, avalado por la Universidad Nacional Autónoma de México, coincidieron con el recuento final efectuado en los 300 distritos electorales que concentraron las actas de las casillas. Fuera del resultado adverso en la elección presidencial, en la misma jornada electoral el PRD logró convertirse en la segunda fuerza en el Poder Legislativo (aumentando considerablemente su posición en ambas Cámaras) mientras que su candidato a la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, triunfó con el 47%. Por si fuese poco, el PRD arrasó con casi todos los puestos ejecutivos (las delegaciones en las cuales está dividido el Distrito Federal) y en la Asamblea Legislativa del propio Distrito Federal.
Esa es la realidad que atestiguaron 1,800 consejeros distritales, 970,000 representantes de todos los partidos, 24,769 observadores nacionales y 639 internacionales. No obstante, y a pesar de que Andrés Manuel López Obrador considera válidas las elecciones que produjeron triunfos nunca vistos para su partido, no acepta su derrota personal. Dado el estrecho margen de la elección presidencial, ha decidido ejercer su derecho a impugnar los resultados en el Tribunal Electoral de la Federación. Esta instancia final e inapelable será la que decida, en un plazo cuya fecha límite es el 6 de septiembre próximo, cuáles irregularidades reclamadas son válidas, en cuáles casillas procede o no un recuento de los votos, y cuál es el resultado final de la elección presidencial.
Si el candidato del PRD se hubiese limitado a instrumentar esa estrategia jurídica, su actitud no habría dañado inadmisiblemente el proceso electoral ni socavado a la frágil democracia mexicana. Pero, como era previsible, López Obrador no podía conformarse con una estrategia legal, que él mismo, despectivamente, ha llamado "formal". Tal y como ha hecho a lo largo de su vida, él tenía que ir por más, ir por todo, y es allí donde encaja la fábula de Kolakowski: tenía que recurrir al argumento ad terrorem para lograr su propósito.
Como la niña del cuento, sabedor desde el 2 de julio por la noche de que las tendencias no le favorecían, acudió al Zócalo para declarar: "Hemos ganado la presidencia de la república". Días más tarde, luego del recuento oficial que en el mismo sentido hizo el Instituto Federal Electoral (organismo ciudadano autónomo que, revirtiendo una larga historia de fraudes, desde 1996 organiza con éxito y probidad las elecciones en todos los niveles federales), López Obrador congregó al "pueblo" a una "asamblea", en la que llamó a Fox "traidor a la democracia", y utilizó la palabra más ominosa del diccionario político mexicano: la palabra "fraude". Esta descalificación de la institución electoral (que acababa de dar el triunfo a cientos de sus candidatos) y los discursos incendiarios que han seguido desde entonces, hasta culminar en un llamado "a la resistencia civil", representan una táctica nada "formal"; representan precisamente el recurso ad terrorem aplicado con un riesgo enorme para la paz de México.
Además de proclamarse vencedor, insultar al presidente Fox, amenazar a Felipe Calderón y a su familia, llamar delincuentes a los funcionarios del IFE, considerarse traicionado por miembros de su propio partido y adelantarse al veredicto del Tribunal Electoral, López Obrador ha echado mano de un repertorio digno de una novela de Orwell. Irregularidades aisladas, presuntas y, en todo caso, no dictaminadas por el Tribunal, son presentadas al público como evidencia palmaria de que todo el proceso estuvo viciado, ignorando el testimonio de los observadores extranjeros y de millones de mexicanos. Cuando sus propios representantes de casilla negaron la supuesta irregularidad que López Obrador pretendió demostrar en un video, el líder aseguró que fueron "comprados". A la mentira aúna la contradicción (del fraude "cibernético" a su negación: el fraude "a la antigüita"), la inconsistencia (aunque pide "abrir todas las casillas y contar voto por voto", ante el Tribunal Electoral sólo presentó impugnaciones en el 39% de las casillas) y la calumnia (de existir un millón y medio de boletas "robadas", el hecho implicaría que miles de representantes del PRD son delincuentes electorales). El daño causado a nuestras instituciones electorales puede ser irreversible. Ante la andanada ad terrorem, ¿qué ciudadano querrá en el futuro participar en una casilla?
Pero lo más preocupante, desde luego, es que López Obrador ha convocado a movilizaciones de centenares de miles de personas en toda la república "en defensa de la "democracia", la misma democracia cuyas instituciones ha puesto en entredicho. Si bien ha insistido en que las marchas serán "pacíficas" y "no caerán en provocaciones", sabe muy bien que en el actual ambiente de extrema polarización, la provocación puede provenir de cualquier lado. Para calibrar sus intenciones no hace falta ser adivino, él mismo lo ha expresado con todas sus letras, y es preciso creerle: él nunca aceptará un resultado adverso, ni de los votantes, ni del Tribunal Electoral; él "ganó la presidencia" e irá "tan lejos como la gente quiera".
"La gente", "el pueblo", no son, por principio, los 27,034,972 mexicanos de todas las clases que no votaron por él; no son siquiera los 14,756,350 ciudadanos que lo apoyaron en las urnas. "La gente", "el pueblo", son aquellos que puede movilizar en las calles y plazas del país, y que lo ven como él se ve a sí mismo, como el Mesías de México. ¿Y quién interpreta los deseos de ese "pueblo", depositario de la ley natural y divina, no de la despreciable ley escrita por los hombres? El líder carismático que encarna la Verdad, la Razón, la Historia y el Bien, el líder que prometió salvar a México de la opresión, la desigualdad, la injusticia y la miseria, el que "purificará la vida nacional": Andrés Manuel López Obrador.
El mundo ha visto muchas veces esa película. Es el huevo de la serpiente dictatorial. Un hombre impermeable a la verdad objetiva, un Mesías que se ha proclamado "indestructible", pretende secuestrar la democracia mexicana y, de no obtener el rescate exigido, incendiar al país. No exagero. De hecho, el vocero del PRD, Gerardo Fernández Noroña, declaró hace unos días a Los Angeles Times que, en última instancia, está abierta la vía de la "insurrección". Pero en una democracia (y México es ahora una democracia, aunque su larga historia se empeñe en desmentirlo) no son las teas ardientes, los comités de salud pública, ni los líderes iluminados los que deciden: es el voto ciudadano, es el imperio de la ley.
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Fecha de publicación: 23-Jul-2006
Para ilustrar el argumento ad terrorem con el que las ideologías totalitarias imponían su verdad a la sociedad, el filósofo polaco Leszek Kolakowski contaba una fábula: dos niñas emprenden una carrera en un parque; la que va atrás exclama continuamente, a grandes voces, "¡voy ganando!, ¡voy ganando!", hasta que la que lleva la delantera abandona la carrera y se echa a llorar en brazos de su madre, diciendo: "no puedo con ella, siempre me gana".
Sin el desenlace, algo similar está ocurriendo en México. Tras una jornada electoral libre, ordenada y pacífica en la que sufragaron 42,249,541 mexicanos cuyos votos fueron computados en 130,477 casillas por 909,575 ciudadanos (no funcionarios), el candidato del PRD a la presidencia, Andrés Manuel López Obrador, resultó perdedor por un margen de 0.57%, equivalente a 240,822 votos, frente al candidato del PAN, Felipe Calderón. Los números del sistema electrónico de conteo preliminar, avalado por la Universidad Nacional Autónoma de México, coincidieron con el recuento final efectuado en los 300 distritos electorales que concentraron las actas de las casillas. Fuera del resultado adverso en la elección presidencial, en la misma jornada electoral el PRD logró convertirse en la segunda fuerza en el Poder Legislativo (aumentando considerablemente su posición en ambas Cámaras) mientras que su candidato a la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, triunfó con el 47%. Por si fuese poco, el PRD arrasó con casi todos los puestos ejecutivos (las delegaciones en las cuales está dividido el Distrito Federal) y en la Asamblea Legislativa del propio Distrito Federal.
Esa es la realidad que atestiguaron 1,800 consejeros distritales, 970,000 representantes de todos los partidos, 24,769 observadores nacionales y 639 internacionales. No obstante, y a pesar de que Andrés Manuel López Obrador considera válidas las elecciones que produjeron triunfos nunca vistos para su partido, no acepta su derrota personal. Dado el estrecho margen de la elección presidencial, ha decidido ejercer su derecho a impugnar los resultados en el Tribunal Electoral de la Federación. Esta instancia final e inapelable será la que decida, en un plazo cuya fecha límite es el 6 de septiembre próximo, cuáles irregularidades reclamadas son válidas, en cuáles casillas procede o no un recuento de los votos, y cuál es el resultado final de la elección presidencial.
Si el candidato del PRD se hubiese limitado a instrumentar esa estrategia jurídica, su actitud no habría dañado inadmisiblemente el proceso electoral ni socavado a la frágil democracia mexicana. Pero, como era previsible, López Obrador no podía conformarse con una estrategia legal, que él mismo, despectivamente, ha llamado "formal". Tal y como ha hecho a lo largo de su vida, él tenía que ir por más, ir por todo, y es allí donde encaja la fábula de Kolakowski: tenía que recurrir al argumento ad terrorem para lograr su propósito.
Como la niña del cuento, sabedor desde el 2 de julio por la noche de que las tendencias no le favorecían, acudió al Zócalo para declarar: "Hemos ganado la presidencia de la república". Días más tarde, luego del recuento oficial que en el mismo sentido hizo el Instituto Federal Electoral (organismo ciudadano autónomo que, revirtiendo una larga historia de fraudes, desde 1996 organiza con éxito y probidad las elecciones en todos los niveles federales), López Obrador congregó al "pueblo" a una "asamblea", en la que llamó a Fox "traidor a la democracia", y utilizó la palabra más ominosa del diccionario político mexicano: la palabra "fraude". Esta descalificación de la institución electoral (que acababa de dar el triunfo a cientos de sus candidatos) y los discursos incendiarios que han seguido desde entonces, hasta culminar en un llamado "a la resistencia civil", representan una táctica nada "formal"; representan precisamente el recurso ad terrorem aplicado con un riesgo enorme para la paz de México.
Además de proclamarse vencedor, insultar al presidente Fox, amenazar a Felipe Calderón y a su familia, llamar delincuentes a los funcionarios del IFE, considerarse traicionado por miembros de su propio partido y adelantarse al veredicto del Tribunal Electoral, López Obrador ha echado mano de un repertorio digno de una novela de Orwell. Irregularidades aisladas, presuntas y, en todo caso, no dictaminadas por el Tribunal, son presentadas al público como evidencia palmaria de que todo el proceso estuvo viciado, ignorando el testimonio de los observadores extranjeros y de millones de mexicanos. Cuando sus propios representantes de casilla negaron la supuesta irregularidad que López Obrador pretendió demostrar en un video, el líder aseguró que fueron "comprados". A la mentira aúna la contradicción (del fraude "cibernético" a su negación: el fraude "a la antigüita"), la inconsistencia (aunque pide "abrir todas las casillas y contar voto por voto", ante el Tribunal Electoral sólo presentó impugnaciones en el 39% de las casillas) y la calumnia (de existir un millón y medio de boletas "robadas", el hecho implicaría que miles de representantes del PRD son delincuentes electorales). El daño causado a nuestras instituciones electorales puede ser irreversible. Ante la andanada ad terrorem, ¿qué ciudadano querrá en el futuro participar en una casilla?
Pero lo más preocupante, desde luego, es que López Obrador ha convocado a movilizaciones de centenares de miles de personas en toda la república "en defensa de la "democracia", la misma democracia cuyas instituciones ha puesto en entredicho. Si bien ha insistido en que las marchas serán "pacíficas" y "no caerán en provocaciones", sabe muy bien que en el actual ambiente de extrema polarización, la provocación puede provenir de cualquier lado. Para calibrar sus intenciones no hace falta ser adivino, él mismo lo ha expresado con todas sus letras, y es preciso creerle: él nunca aceptará un resultado adverso, ni de los votantes, ni del Tribunal Electoral; él "ganó la presidencia" e irá "tan lejos como la gente quiera".
"La gente", "el pueblo", no son, por principio, los 27,034,972 mexicanos de todas las clases que no votaron por él; no son siquiera los 14,756,350 ciudadanos que lo apoyaron en las urnas. "La gente", "el pueblo", son aquellos que puede movilizar en las calles y plazas del país, y que lo ven como él se ve a sí mismo, como el Mesías de México. ¿Y quién interpreta los deseos de ese "pueblo", depositario de la ley natural y divina, no de la despreciable ley escrita por los hombres? El líder carismático que encarna la Verdad, la Razón, la Historia y el Bien, el líder que prometió salvar a México de la opresión, la desigualdad, la injusticia y la miseria, el que "purificará la vida nacional": Andrés Manuel López Obrador.
El mundo ha visto muchas veces esa película. Es el huevo de la serpiente dictatorial. Un hombre impermeable a la verdad objetiva, un Mesías que se ha proclamado "indestructible", pretende secuestrar la democracia mexicana y, de no obtener el rescate exigido, incendiar al país. No exagero. De hecho, el vocero del PRD, Gerardo Fernández Noroña, declaró hace unos días a Los Angeles Times que, en última instancia, está abierta la vía de la "insurrección". Pero en una democracia (y México es ahora una democracia, aunque su larga historia se empeñe en desmentirlo) no son las teas ardientes, los comités de salud pública, ni los líderes iluminados los que deciden: es el voto ciudadano, es el imperio de la ley.
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Fecha de publicación: 23-Jul-2006
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