| Gil Gamés |
| Lo que nos faltaba: perros salvajes. Unos canes furiosos agazapados en los matorrales les tienden emboscadas a los paseantes y muerden también a los corredores de El Sope de la Segunda Sección de Chapultepec. Algunos deportistas corren armados de palos con lo cual vuelven la carrera un deporte extremo. Los empleados del bosque explican que se trata de cinco zonas en las cuales habitan alrededor de 150 perros malos. Gil lo leyó en su periódico Reforma: los guardabosques aseguran que han ocurrido ataques contra los visitantes; hace apenas dos meses, quince perros atacaron a un hombre de 76 años de edad y lo mordieron en los brazos y la cara. Los perros se han adueñado de las instalaciones sin que autoridad alguna pueda hacer nada al respecto. Ups. En la mesa de negociaciones, los perros no dan su brazo, o pata, a torcer. Nos quedamos en los matorrales hasta que resuelvan nuestras demandas: croquetas Pedigree, casas de perro rico, collares, chimeneas para calentar nuestro pelaje y trato humano, esto será un triunfo para el pueblo de perros, dijo el can líder. Gil caminó sobre la duela de cedro blanco e hizo la simple pregunta: si hay una jauría agresiva y casos comprobados de ataques a los visitantes al parque, ¿por qué el consejo directivo de Chapultepec no ha pedido a la autoridad que una cuadrilla de fieros caza-perros lleve presos a los violentos? Sólo Dios sabe. Eso no es nada, miembros de diversas sociedades protectoras de animales se encargan de alimentar a los perritos. Los guardabosques (qué nombre estrafalario para los cuidadores de un parque) han encontrado kilos de retazo de pollo entre los matorrales. Los cuidadores aprovechan el viaje de los perros malos para denunciar árboles caídos, desprendimientos de rocas y cuevas que sirven de refugio a indigentes de la zona. Gamés se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: qué bonito nuestro bosque, en la Segunda Sección de Chapultepec se pueden encontrar atracciones inolvidables como perros agresivos que atacan en jauría, matorrales que nadie ha recortado en meses, deslaves, rocas que ruedan cuesta abajo y personas sin hogar que entran y salen de cuevas. De momento, Gilga no tiene planeado ni pasear, ni correr, ni nada de nada en esas zonas de nuestro hermoso bosque, y conste que los reporteros de Reforma no han investigado el tema de las ratas. Un paramédico ha contado a su periódico Reforma que hace dos meses atendió a dos jóvenes mordidas por perros en el Circuito del Bosque. Una de ellas frente a la Escuela de Florería, cuando salió de tomar clases, y la otra cuando bajaba del camión. En Paso Conejo, según los cuidadores, se han visto muchos perros furiosos. Sabe Dios dónde quede eso de Paso Conejo, pero se oye tremendo, como un lugar lejano de la ciudad y habitado por fieras. Gilga no saldrá del amplísimo estudio para evitar contrariedades. Gamés hizo de nuevo la simple pregunta: ¿quiénes son los responsables del mantenimiento del lugar? ¿La Secretaría del Medio Ambiente del DF, o la Delegación Miguel Hidalgo, o los fantasmas que habitan en ambas oficinas? Jaurías sedientas de sangre, mecachis. Los perros no piensan abandonar la Segunda Sección de Chapultepec. Atacamos a los enemigos del pueblo perruno y a las autoridades represivas. Ni un paso atrás en nuestras demandas, dijo el líder canino llamado Solovino por sus huestes. Que quede claro, dijo Solovino, si quieren privatizar el bosque, nos opondremos; si quieren entregar a las manos privadas estos matorrales, no lo permitiremos. Con estos perros no hay tu tía, pensó Gamés. La máxima de Aldous Huxley espetó dentro del ático: “Todos los hombres son dioses para su perro. Por eso hay gente que ama más a sus perros que a los hombres”. Gil s’en va gil.games@razon.com.mx Twitter: @GilGamesX |
Henry la acaricia y con ternura limpia su cañón, pero la pistola hoy no está de humor, ni nunca.
2012-10-31
Perros en Chapultepec
2012-10-27
Plagio, luego existo (René Avilés Fabila)
Nota de Antonio Frias: Fabila me parece un tipo insufrible, pero eso no le resta importancia a este artículo. Para quienes quemamos a Bryce pero ignoramos casos de premios con un poco más de importancia, por ejemplo el premio Nobel...
El plagio pareciera común entre escritores; a veces resulta evidente, otras le llaman influencia. La lista de acusaciones de plagio en México es larga. Carlos Fuentes ha sido repetidamente señalado como tal. Cuando arrancaba, varios críticos literarios lo culparon de plagio. Jesús Arellano, un escritor de filoso humorismo, dio pistas tanto para La región más transparente como para Aura. En la primera, la presencia de Manhattan Transfer de John Dos Passos era obvia, en la segunda, la de Henry James con Los papeles de Aspern. Arellano dio precisiones en un artículo. Adelante, Enrique Krause retomaría el tema.
A Octavio Paz lo señalaron como plagiario y no críticos, sino el propio agraviado, Rubén Salazar Mallén, por la copia de trabajos propios sobre filosofía del mexicano y Sor Juana Inés de la Cruz. Paz, desdeñoso, dijo: Los lobos se alimentan de corderos. La acusación fue respaldada por Emmanuel Carballo y Edmundo O’Gorman, de tal suerte que no se trata de un hecho mínimo. Nada ocurrió, salvo que le concedieron el Premio Nobel de Literatura. Parte de la polémica puede ser leída en un libro de José Luis Ontiveros publicado por la UAM-X. La peor imputación que le hicieron a Paz fue sobre plagio a Samuel Ramos, el primero en tratar de explicar al mexicano en El perfil del hombre y la cultura en México, que ya pocos ven como el gran antecedente de El laberinto de la soledad.
Plagiario, asimismo, fue el erudito e inteligente Alfonso Reyes, como no hace mucho recordó con elegancia Vicente Leñero: “Un plagio inocente de Alfonso Reyes”, nota en la que recupera una historia olvidada. Reyes publica un artículo en Revista de revistas casi idéntico al publicado en The Saturday Review por un autor poco conocido: George Kent. “Los buscadores de pifias -explica Leñero- que habían leído ambos textos, los marginados del pontificado cultural ejercido por Alfonso Reyes durante tantos años, postulado en aquel entonces al premio Nobel, lo acusaron a voz en cuello de: ‘¡plagio, plagio!’. Era un plagio, en realidad, imposible negarlo”. Entre quienes lo señalaron, estaban Jorge Murguía, Jesús Arellano y Ramón Rubín.
Tampoco se escapa García Márquez. Más de un crítico vio en Memorias de mis putas tristes una copia servil de Casa de las doncellas dormidas, de Yasunari Kawabata. Y los españoles se sorprendieron cuando Camilo José Cela, premio Nobel, fue señalado como ladrón de los argumentos de Carmen Formoso, al hacer suyas diversas historias de su novela Carmen, Carmela, Carmiña… De mi generación, a Gustavo Sainz le reprocharon su gusto por pequeños escamoteos literarios para sumarlos a su literatura.
Yo veo el plagio como un difícil arte donde todo consiste en que los lectores no se percaten de la sustracción intelectual. Claro, hay casos ruidosos como el que llevó a cabo Alfredo Bryce Echenique, cuyo resultado fue el desprestigio y una multa de muchos dólares. Se excusó diciendo que no se había percatado, ocupado como estaba escribiendo tanta obra maestra de la literatura universal, la culpable de los envíos ajenos fue su secretaria. En México, Teófilo Huerta ha responsabilizado a José Saramago de plagio y ha dado tantas pruebas que el Nobel portugués respondió negándolo. En este penoso caso estuvo involucrado Sealtiel Alatriste. Por segunda vez aparece como intermediario entre plagiado y plagiario, en ambos casos -idénticos al de Carmen Formoso- estaba en Alfaguara. El primero en señalarlo fue Víctor Celorio. Su obra fue enviada a un concurso de tal editorial y parte de ella terminó, dice la víctima, en Diana o la cazadora solitaria de Fuentes. Algo menor le sucedió a Martha Robles: se quejó de que un título suyo había sido utilizado por Fuentes, quien al final optó por modificarlo. El corolario de Alatriste es patético: acaba de recibir el Premio Villaurrutia en medio de una tenaz lluvia de pruebas de su piratería literaria. ¿La culpa es de Sealtiel o del jurado que lo otorgó? La China Mendoza hizo pública su indignación por el robo de un título suyo hecho por una autora de Conaculta.
Para evitarnos tales vergüenzas, lo correcto es decir que se trata de afinidades o coincidencias, en todo caso, de influencias. Desde luego, es inconveniente aceptar que se han copiado ideas completas o párrafos enteros. No es fácil crear novelas y cuentos novedosos. Llevamos muchos siglos haciendo literatura y en todo ese tiempo las pasiones y los sentimientos humanos no han sufrido mayores alteraciones, así que como dice el refrán, nada nuevo hay bajo el sol. El amor es tan común que es imposible no repetir frases y pensamientos. ¿Cómo decir te amo o estoy celoso, sin duplicar lo que le dijo Romeo a Julieta o el tonto de Otelo a Desdémona? El chiste radica en darle a las palabras sentidos diferentes, los hechos son los mismos desde que Eva engañó al ingenuo Adán con una serpiente lujuriosa.
La ausencia de creatividad atrae la necesidad del plagio. No es fácil evitar que unos párrafos hermosos o ideas renovadoras pasen a nuestra literatura, piensan los plagiarios: pillos que incluso suponen haber mejorado a los autores originales. Por último, para qué escribir una obra tan grande como Don Quijote (quien también tuvo problemas al respecto), si es fácil copiarla.
Ah, este artículo es un plagio a mí mismo, ya estaba publicado, sólo lo actualicé.
A Octavio Paz lo señalaron como plagiario y no críticos, sino el propio agraviado, Rubén Salazar Mallén, por la copia de trabajos propios sobre filosofía del mexicano y Sor Juana Inés de la Cruz. Paz, desdeñoso, dijo: Los lobos se alimentan de corderos. La acusación fue respaldada por Emmanuel Carballo y Edmundo O’Gorman, de tal suerte que no se trata de un hecho mínimo. Nada ocurrió, salvo que le concedieron el Premio Nobel de Literatura. Parte de la polémica puede ser leída en un libro de José Luis Ontiveros publicado por la UAM-X. La peor imputación que le hicieron a Paz fue sobre plagio a Samuel Ramos, el primero en tratar de explicar al mexicano en El perfil del hombre y la cultura en México, que ya pocos ven como el gran antecedente de El laberinto de la soledad.
Plagiario, asimismo, fue el erudito e inteligente Alfonso Reyes, como no hace mucho recordó con elegancia Vicente Leñero: “Un plagio inocente de Alfonso Reyes”, nota en la que recupera una historia olvidada. Reyes publica un artículo en Revista de revistas casi idéntico al publicado en The Saturday Review por un autor poco conocido: George Kent. “Los buscadores de pifias -explica Leñero- que habían leído ambos textos, los marginados del pontificado cultural ejercido por Alfonso Reyes durante tantos años, postulado en aquel entonces al premio Nobel, lo acusaron a voz en cuello de: ‘¡plagio, plagio!’. Era un plagio, en realidad, imposible negarlo”. Entre quienes lo señalaron, estaban Jorge Murguía, Jesús Arellano y Ramón Rubín.
Tampoco se escapa García Márquez. Más de un crítico vio en Memorias de mis putas tristes una copia servil de Casa de las doncellas dormidas, de Yasunari Kawabata. Y los españoles se sorprendieron cuando Camilo José Cela, premio Nobel, fue señalado como ladrón de los argumentos de Carmen Formoso, al hacer suyas diversas historias de su novela Carmen, Carmela, Carmiña… De mi generación, a Gustavo Sainz le reprocharon su gusto por pequeños escamoteos literarios para sumarlos a su literatura.
Yo veo el plagio como un difícil arte donde todo consiste en que los lectores no se percaten de la sustracción intelectual. Claro, hay casos ruidosos como el que llevó a cabo Alfredo Bryce Echenique, cuyo resultado fue el desprestigio y una multa de muchos dólares. Se excusó diciendo que no se había percatado, ocupado como estaba escribiendo tanta obra maestra de la literatura universal, la culpable de los envíos ajenos fue su secretaria. En México, Teófilo Huerta ha responsabilizado a José Saramago de plagio y ha dado tantas pruebas que el Nobel portugués respondió negándolo. En este penoso caso estuvo involucrado Sealtiel Alatriste. Por segunda vez aparece como intermediario entre plagiado y plagiario, en ambos casos -idénticos al de Carmen Formoso- estaba en Alfaguara. El primero en señalarlo fue Víctor Celorio. Su obra fue enviada a un concurso de tal editorial y parte de ella terminó, dice la víctima, en Diana o la cazadora solitaria de Fuentes. Algo menor le sucedió a Martha Robles: se quejó de que un título suyo había sido utilizado por Fuentes, quien al final optó por modificarlo. El corolario de Alatriste es patético: acaba de recibir el Premio Villaurrutia en medio de una tenaz lluvia de pruebas de su piratería literaria. ¿La culpa es de Sealtiel o del jurado que lo otorgó? La China Mendoza hizo pública su indignación por el robo de un título suyo hecho por una autora de Conaculta.
Para evitarnos tales vergüenzas, lo correcto es decir que se trata de afinidades o coincidencias, en todo caso, de influencias. Desde luego, es inconveniente aceptar que se han copiado ideas completas o párrafos enteros. No es fácil crear novelas y cuentos novedosos. Llevamos muchos siglos haciendo literatura y en todo ese tiempo las pasiones y los sentimientos humanos no han sufrido mayores alteraciones, así que como dice el refrán, nada nuevo hay bajo el sol. El amor es tan común que es imposible no repetir frases y pensamientos. ¿Cómo decir te amo o estoy celoso, sin duplicar lo que le dijo Romeo a Julieta o el tonto de Otelo a Desdémona? El chiste radica en darle a las palabras sentidos diferentes, los hechos son los mismos desde que Eva engañó al ingenuo Adán con una serpiente lujuriosa.
La ausencia de creatividad atrae la necesidad del plagio. No es fácil evitar que unos párrafos hermosos o ideas renovadoras pasen a nuestra literatura, piensan los plagiarios: pillos que incluso suponen haber mejorado a los autores originales. Por último, para qué escribir una obra tan grande como Don Quijote (quien también tuvo problemas al respecto), si es fácil copiarla.
Ah, este artículo es un plagio a mí mismo, ya estaba publicado, sólo lo actualicé.
2012-10-10
¿Por qué la necedad de sostener el premio a Bryce?
| Otto Granados |
| En el escándalo suscitado por la concesión del premio FIL de Literatura 2012 a Alfredo Bryce Echenique parece haberse dicho ya todo. O casi. Según las pruebas públicamente documentadas, Bryce en efecto ha plagiado docenas de textos escritos por otros y los ha hecho aparecer bajo su firma. Los miembros del jurado que lo premió alegan que no son un tribunal criminal sino sólo un sanedrín literario, y en tal carácter no tienen porqué ir de fiscales o magistrados para dictar justicia en torno a la catadura moral de un pícaro, sino sólo sobre las novelas y cuentos que ha escrito o que, digamos ahora con más propiedad, dice haber escrito y publicado con su nombre. Las autoridades de la Universidad de Guadalajara, propietarias de la FIL y del premio en cuestión, se montan en su macho y reiteran que el galardón se entregará en noviembre. Y las autoridades de Conaculta, que han asignado una parte de los dineros del contribuyente para honrar a un plagiario, han guardado un discreto silencio. Mejor, imposible. Pero lo que se ha mantenido guardado en la discusión son las razones por las cuales, a pesar de todo esto, de todas formas piensan entregarle el premio al señor Bryce, y da la impresión de que, al final del día, no es sino una muestra más de esa especie de corrupción que subyace en todo este juego de los premios literarios entre escritores, editores, periodistas culturales y organizadores de los certámenes que los promueven. Veamos. De tiempo atrás ha proliferado cualquier cantidad de galardones so pretexto de diversas ocurrencias, efemérides o próceres de la maltratada república de las letras. En torno a su asignación se ha tejido una red de intercambio de favores, seducciones recíprocas, arreglos sospechosos o intereses pecuniarios que funcionan muy bien para adquirir notoriedad y algo de plata. Los jurados de hoy serán los premiados de mañana y a la inversa; los editores inventan hoy a los premiados para vender mañana en el mercado a los autores consagrados por los premios que ellos mismos patrocinan; los periodistas culturales, en contubernio con editores, cuelan por aquí y por allá alguna reseñita amable de los libros que han sido previamente distinguidos por ambos; los organizadores de los premios hoy, serán mañana elogiados en artículos, dedicatorias de libros, algún ensayo y, con suerte, hasta un obituario amable por aquellos a quienes consiguieron los premios, y así sucesivamente. Unos llaman a ese mecanismo mafia; otros, cártel. Sin generalizar, desde luego, pero así funciona. No importa que los premiados no se lean a conciencia; que no merezcan buena recepción por la crítica seria y exigente; que se vendan pero no demasiado o que plagien. Nada de eso es relevante. Lo que importa es te premio, luego existes, lo que importa es el acceso a los placeres y privilegios de las cortes. Justo lo que piensan, supongo, los defensores del premio a Bryce. og1956@gmail.com |
2012-09-05
Bryce Echenique, premiado
| Gil Gamés |
| Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil se enteró de que el Premio FIL de Literatura 2012 le fue otorgado al escritor peruano Alfredo Bryce Echenique. Don Alfredo ha sido acusado del plagio de al menos 26 artículos. Los plagios comprobados sin lugar a dudas fueron expuestos en la plaza pública. Correcto, señores del jurado, otorguen el premio al señor Echenique, pero serán recordados por destrozar un premio importante. Oiga, Raúl, ¿ya vio lo que ocurrió con su premio? Los honorables miembros del jurado Premio FIL no se han detenido a pensar ni un momento que en México ocurrió un gran escándalo cultural, una pedrea, por los plagios de Sealtiel Alatriste. Sólo un grupo de ciegos y sordos premiaría a un plagiario como Bryce. Gamés no quisiera ponerse pesado, pero han premiado a un señor que se roba todo, palabra por palabra, artículo por artículo. Consecuencia de sus actos: un premio de 150 mil dólares, ¿no estamos locos? Caracho. Gilga decidió que estaba ante un gran escándalo, el Premio FIL lo han recibido escritores de fuste y fusta como Pitol, García Ponce, Gelman, Lobo Antunes, Fonseca, Vallejo. Gamés repasó los nombres de los miembros del jurado y se encontró con el vacío. Por cierto, los jurados de los premios no suelen dar cuentas de sus designaciones, nunca explican por qué sí y por qué no. Se reúnen, hablan, toman café con galletas y se van a dormir muy tranquilos. Error: el jurado debería hacerse responsable de sus gustos. Jorge Volpi, Julio Ortega, Leila Guerrero, Margarita Valencia, Mark Millington y Mayra Santos Febres, ¿no les importa darle el Premio FIL a un señor que se ha robado 26 artículos? Inviten a Alatriste al jurado y todos contentos. Mecachis. No se lo tomen a mal a Gil, pero son ustedes unos papanatas interesados, grillos que no premian la calidad sino, como suele ocurrir con los premios, el lobby, las cenas, las influencias, el toma y daca, el quítate que ahí te voy. Salvo Volpi y Ortega, los miembros del jurado no tienen, al menos en México, un peso específico, una trayectoria, una obra, unos libros. No son nadie. Oiga Raúl Padilla, ¿ya vio lo que hicieron con el Premio? Volpi conoce el medio, sabe de las obras de múltiples escritores latinoamericanos, a eso se ha dedicado durante años, a ampliar la red de sus relaciones públicas, entonces que nos cuente, ¿por qué ha elegido a Bryce y no a Ricardo Piglia, por ejemplo, o a Jorge Edwards, escritor chileno de primera banda? Alfredo Bryce Echenique es un escritor de al menos dos obras importantes: Un mundo para Julius y La vida exagerada de Martín Romaña, sus memorias son desde luego notables y un puñado de sus cuentos tiene denominación de origen. Eso fue antes de que decidiera cobrar artículos robados. Gil se lleva los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y cavila: si el medio cultural impidió que Alatriste recibiera el Villaurrutia, en esta ocasión debería considerar inadmisible que Bryce fuera premiado en la FIL de Guadalajara. No es por cierto un premio privado, se trata de dineros públicos: 150 mil dólares, ni más ni menos. Si la comunidad cultural, cualquier cosa que esto quiera decir, acepta que el día de la inauguración de la FIL se premie a un escritor probadamente plagiario, habrá aceptado entonces que unos sí y otros no, que hay plagiarios buenos y plagiarios malos. ¿Vamos a premiar a un plagiario bueno reconocido por un grupo de escritores ignorantes enredados en la telaraña de sus relaciones públicas? Dirán: Bryce no es un funcionario público, roba a solas en su casa, por eso aquí lo premiamos. Una máxima anónima espetó dentro del ático: “Cuando un pueblo ya no lee a sus escritores, se dedica a festejarlos”. Gil s’en va gil.games@razon.com.mx Twitter: @GilGamesX |
2012-08-06
Terror en el DF
Nota de GH: Con motivo de la sentencia al administrador del antro New's Divine les comparto una columna de Luis González de Alba.
La policía del DF asesina a nueve adolescentes, asfixiados cuando intentaba una redada, ilegal como todas, pero mal organizada en la disco New’s Divine... y despojan al propietario por rentar su local. Las muertes no ocurrieron, siquiera, por faltas de la disco, como salidas de emergencia cerradas o incendio imprudencial. No: nueve jóvenes y tres policías fueron asfixiados en las escaleras porque los policías de arriba no los dejaban salir debido a que los camiones que debían acarrearlos a los separos, para extorsionar luego a los padres con 1,500 pesos, no habían vuelto luego de llevar la última carga de adolescentes.
El propietario de un hotel donde clientes de putas solicitaban cuarto ha perdido también su propiedad.
Ni el más viejo PRI de los tiempos de aquel Uruchurtu que acabó con la vida nocturna del DF obligando al cierre tempranero, ni el PAN de Guanajuato, ni el góber piadoso de Jalisco, ni el precioso de Puebla ni el de Oaxaca: ninguno ha hecho lo que la "izquierda" monjil del PRD: meter la cabeza de los defeños bajo una guillotina inapelable.
Formados en el PRI de Salinas de Gortari, en ese PRI que se saltó a los viejos dinosaurios estilo Bartlett (hoy aliado de López Obrador), y abandonó el proteccionismo que fomentaba la mala calidad y los altos precios de todo producto mexicano, era de esperarse que los perredo-salinistas fuera tolerantes. Pero el PRD se volvió refugio del peor desprecio por el súbdito. Recordemos al Mesías, desacatando un amparo ciudadano y otro y otro con la frase: "Los jueces me hacen lo que el viento a Juárez".
Como se probó que había al menos duda razonable acerca de abiertos desacatos del entonces jefe de Gobierno a amparos firmados por jueces, se le pretendió entregar a un juez, que sería quien decidiera si había culpa o no. Pero toda la intelectualidad, incluidos muy queridos y cercanos amigos míos, exigió trato especial para el presunto delincuente, en vez de igualdad ante la ley, porque, como era pre-pre-candidato presidencial, era necesario dejarlo competir. ¿A cualquier costo? ¿Aun si los delitos contra ciudadanos se comprobaban?
Por supuesto y sin ninguna duda el PAN intentaba detenerlo en su campaña de seis años hacia la Presidencia, pero él había dado motivos más que amplios, públicos, y había añadido la burla y la prepotencia. Entonces lo defendieron muchos pensantes y otros callaron (y que la Patria os lo demande), y un Fox blandengue reculó.
Además de los varios desacatos a órdenes de jueces, desvió recursos hacia obras visibles. Hoy el DF está sin agua porque recargar los mantos freáticos no da fotos ni se ve; otro tanto hizo López Obrador con la contraparte: los colectores de aguas negras, también sin mantenimiento porque no iría el cardenal con sus mariconas enaguas rojo frenesí a cortar los listones inaugurales. Nos equivocamos quienes dijimos que gobernaba con el apotegma de Luis XIV construyendo palacios: "Después de mí, el Diluvio..." No fue diluvio. Es que nuestro Rey Sol tropical lo que dijo fue: Après moi le dé sert, que, con una ligera variación en la pronunciación de la s (que no se le dan) puede significar: después de mí el desierto, o después de mí el postre.
La izquierda, asombrosamente, veía de izquierda a un hijo del más puro echeverriato. Tan puro, que aún pone a 1982 como el año en que México perdió el rumbo: al terminar el sexenio de López Portillo, con el país hundido en deuda y soñando en "administrar la abundancia". No levantaron voz ni, vaya, cejas. Se miraban las puntas de los zapatos, tralalá-tralalá...
Ahora tampoco se oyen voces en defensa de la propiedad privada porque se trata de un localucho donde funcionaba un antro de a 15 pesos la entrada y un hotel que rentaba cuartos por un rato. ¿Y ninguno de ustedes ha cogido en un hotel, pendejos?
Parafraseo a Brecht:
De madrugada vinieron por los judíos y no hice nada porque no soy judío.
Vinieron por los dueños de predios valiosos y no hice nada porque no tengo ningún predio valioso.
Vinieron por los contratistas extorsionados desde el poder y no hice nada porque no soy contratista.
Vinieron por los que bailan y beben en tardeadas y no hice nada porque no voy a antros de mala muerte.
Vinieron por los dueños de hoteles de paso y no hice nada porque mis putas dan servicio a domicilio y llegan en buen auto.
Vinieron por los putos y no hice nada porque no soy puto.
Anoche vinieron por mí y nadie dijo nada.
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